Decididamente no soy un buen bebedor, no es que no tenga nada de talento pero no alcanzo a lo que con decencia podríamos llamar un buen bebedor de esos que consiguen bajar hasta los 60 grados de inclinación respecto al suelo y no rasparse la jeta.
Siempre he pensado que beber bien es cosa de solitarios y beber contento es cosa de compañía, cuando cojo mis mejores niveles me gusta estar acompañado, creo que es algo realmente sano no estar solo porque puede llegar el punto en que perdamos el control racional o la compresión social y seamos estúpidamente sinceros. Es ahí cuando sale de pasear la bestia que todos llevamos dentro o deberíamos y se hace necesario compañía. No para que nos cuide, propiamente como haría un familiar, sino para que se rían de nosotros y al menos tenga sentido semejante estupidez. Ser el objeto de la risa es conveniente tanto para el objeto como el sujeto; objeto nuestra borrachera y sujeto el amigo burlón. De esta manera nunca ofenderemos a nadie y siempre habrá compañía.
Es conveniente mamarse en compañía o que te acompañen cuando ya lo estás para que al día siguiente alguien tenga el detalle de contarte la mierda que cogiste y los disparates que dijiste. Que te recuerde todo el sexo estancado que salió a flotar desde tus viseras, esa insatisfacción fétida con la que cada día te vas a dormir pero que por culpa de estar sobrio te ocultas de la consciencia.
Es gracioso, yo al menos me divierto con la imagen de mí mismo que sale a relucir el día siguiente. Y es que está realmente bien que alguien tenga el detalle de contarte las majaderías con las que te empecinaste y los gestos obscenos que regalaste a las mujeres que cruzaste. Eso forma parte del entrenamiento del buen borracho porque el realmente bueno se reconoce ebrio porque al fin y al cabo lo suyo le cuesta.
De esta manera puedes arribar a borrachín sin llegar a merecer una justa paliza en el momento menos indicado simplemente por estúpido, no por ebrio. Estas cosas es conveniente encajarlas con la sobriedad para llegar a ese espacio de la memoria por el chirrido de huesos con el que te levantaste.
Un prospecto de borracho necesita de buenos amigos que le cuenten sus desmadres para de esa manera saberse bueno en la materia. Claro, el problema suele ser nuestros oscuros pozos de silencios, nuestras no resueltas “cosas” que somos nosotros mismos, así que no bebas de mala hostia y recuerda es como ponerle combustible de avión a un coche.
Happy drink!
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