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miércoles, 16 de febrero de 2011

Una tarde de domingo.

Sube por la calle todo recto y en la cuarta tumbas por la derecha y en la séptima el tercero. Vas con ventaja de diez minutos así que ya sabes. Una más, he visto como llevas las manos y eso no me gusta. Ya hablaremos más tarde. Se puntual y no permitas que se me corten los jugos.

Quinientos pasos lo separaban de su destino, a lo sumo calculaba que tardaría un cuarto de hora la visita. La calle era ideal para la ocasión. El paseo colindaba con el margen de algo parecido a un bosque, aquel barrio estaba enmudecido por la hojarasca que mullía el eco de los pasos. La luz se sentía como lluvia de gotas cálidas, filtradas en el frondoso cielo de los añejos árboles que guardaban la avenida.

Vigoroso balanceaba el torso al desplazarlo, sincrónica y rítmicamente. Es un hombre vigoroso y joven. Sus brazos definían dos arcos que partían de su ombligo, un espacio infranqueable, en cuya zona el aire cambiaba de densidad, su propia órbita y espacio.
Va con los puños cerrados, semicontraidos, un cierto aire de disconformidad o disgusto en ciernes mal llevado. Ya está en la esquina y gira automáticamente a derecha como quien conoce el lugar, un vecino o allegado. Ayer, a una hora más tardía se había pasado no le hacía gracia pero había estado. Siempre se negaba a si mismo ese trance pero no podía evitarlo finalmente. No se cruza a nadie como la tarde anterior cosa que le extrañó teniendo en cuanta la hora.
- Bien, pues mejor un detalle de vuestra parte!
Tercero y subiendo. Lo que más le jode son esos trayectos largos que aburren, esto es lo peor de este trabajo, pensaba.
Solo quedaba un piso y no estaba sofocado, finalmente este trayecto le había servido para calentar bien el cuerpo, los brazos le laten del ejercicio. Sexto, lee, finalmente se lo ha tomado a provecho, ha calentado bien el cuerpo, los brazos le laten al compás del ritmo cardiaco. Se toma unos segundos de aliento y se dispone a entrar.
- Bien, ya estamos dentro.
Todo es como lo había dibujado en su mente la descripción que le habían dado era más que correcta.
- El baño es ahí
A medio camino del pasillo está la puerta, es generoso, de una pulcritud molesta en la barroca disposición de envases, potes y acumulación de frascos a medio usar de multicolor variedad y formas. La atmósfera es casi agradable. Le extraño de semejante sensación de una pieza de baño, quizás la extrañeza se debiera a lo novedoso del encuentro. Al final y al cabo no es más que eso pero era otro buen detalle que le trajo algo como premonición del trabajo bien hecho en esa tarde.
Va directo a la pieza sanitaria y hecha una buena meada que le deja a gusto y relajado. Se dispone a examinar nuevamente la habitación ahora de otra manera, más técnico y objetivo.
Camina buscando alguna cosa en concreto, cambia de ángulo y tampoco acaba de verlo claro. Va hasta la bañera y gana ángulo por la derecha y le viene esa sensación especial que sucede cuando algún detalle nos anticipa lo buscado, la certidumbre de lo hallado. Con algo de retardo su mente se hace consciente de la confirmación. Ahí! Esa es la solución, el desnivel del lado opuesto con respecto a la bañera es oportuno me dará la posición efectiva para matar al viejo.
Ya se siente en situación y se estira las articulaciones, sus nudillos traquetean como un ramillete de fuegos de artificios, repasa cada uno por uno. Es una vieja costumbre que le recuerda el sonido final conque despide a sus víctimas. Su método es harto conocido por la policía, un golpe de giro de la nuca silencioso y efectivo. Con los ancianos es especialmente efectivo, los músculos de estos ancianos no pueden reaccionar con la fuerza y rapidez necesaria para evadir su embestida. Este es su método, sin huellas, ni más ruido del que hicieron sus manos hace apenas un momento. Acaba de estirar todo su huesudo cuerpo como un gato que sale del sopor de una siesta de media tarde. Sus brazos ya son armas en perfecta puesta a punto, balanceados entre la fuerza y la velocidad, todo funciona de maravillas.

No hay prisas, todo comienza con el tintineo de la llaves en la puerta, los zapatos restregados en la alfombrilla que hacen pensar que vivió en otro lugar en un pasado tiempo, el campo talvés, o creada con el tiempo, la ociosidad y la rutina de la edad. está habituado a este comportamiento, las personas mayores comúnmente ya no tienen energías o ánimo de estar pendientes de la limpieza y prefieren estar pendientes de no ensuciar. Este pensamiento le sobresalta, no concuerda con el aspecto de este baño. Se serena a si mismo pues una víctima más o menos es un inconveniente pero no un problema precisamente. Ya calmado piensa en lo irónico que le resulta hallar similitud con sigo mismo pues el reusa utilizar los "hierros", como suele llamar a las armas blancas y de fuego. Prefiere el trabajo limpio y no andar luego limpiado cosas con el riesgo de dejar pistas tras de si y eso sin contar el tiempo que le llevaría la limpieza, a el le basta un par de minutos para ejecutar y el resto ya es huida.

Apenas siente los pasos por el pasillo, sabe que la primera parada será a su costado, conoce las rutinas de una vejiga de esa edad, sus achaques y costumbres.

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